Hacía muchos años que habíamos aprendido extrañamente a querernos sin condiciones y a hablar sin temor de nuestra verdad. Por eso no nos hizo falta decir más, lo sabías tú y yo también. Nos estábamos despidiendo y no necesitábamos palabras, pero sí las manos y los abrazos y también la mirada, más cómplice que nunca esa tarde en tu casa, en silencio bajo el abedul de M., cuando te emocionaste en silencio al tocar mi libro y tus ojos me besaron tras leer lo que yo necesitaba decirte.
divendres, desembre 14, 2007
...y oigo tu voz, Mila
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)

+-+copia.jpg)
.jpg)







0 comentaris:
Publica un comentari